La historia de Pendejo es cuanto menos curiosa. Holandeses, que por diversas circunstancias acaban pasando temporadas en varios paises sudamericanos como Colombia, Ecuador, Costa Rica, Nicaragua... acaba desembocando en un grupo rocoso que hace del stoner más fronterizo su mejor carta de presentación.
Y es que es curioso que la frialdad norteeuropea se haya transformado en el típico espíritu atávico y lenguaraz del sur de norteamérica; el caso es que Pendejo descarga sus afilada e hiperexplícita lírica de una forma magistral, acompañada como no podría ser de otra forma, de guitarrazos, descaro, suciedad y mucha cara dura.
El espíritu barriobajero sazona un disco rebosante de sabor chicano y castizo; se nota que se han emborrachado de la cultura de todos esos paises, ya que el mestizaje se palpa, se huele, se muerde, se mastica y se escupe en cada acorde.
Actitud, potencia, calidad, y en resumidas cuentas toda una delicia para poner banda sonora a una buena noche de garitos, humo, alcohol, broncas, sexo y ah!, rocknroll.
Juan José Díez
|